
Hace mucho tiempo dos héroes cuyos nombres ya el tiempo ha olvidado, bordearon un camino con antorchas para proteger a la comunidad de las criaturas del más allá que se han negado a quedarse en los planos infernales, y que vagan por estas tierras por culpa de un poder maligno que se sospecha ha surgido del castillo de Raúel. De eso hace ya un tiempo lejano.
El camino lleva a los rincones de la Región Maldita en Amugrat, pero no la recorre toda. Aún fuera del camino quedan muchos dungeons que guardan celosamente sus tesoros y que aventureros arriesgados o tontos, cegados por su codicia, se adentraron en ellos y jamás regresaron o en el peor de los casos pasaron a engrosar las filas de muertos vivos sedientos de la energía cálida que solo la vida sabe ofrecer.
Ahora, el grupo de aventureros que me ha inspirado a escribir estas memorias de sus travesías, se adentran a tales tierras. Con un objetivo claro, seguirán el camino de las antorchas hasta llegar al cementerio, donde deberán desviarse y arriesgarse a ver a la muerte a la cara y sentir su frivolo tacto con tal de conseguir lo que buscan, si es que ahí está lo que buscan. ¡Qué Nerull se haga el ciego y no valore sus almas, para que puedan mantenerse vivos mis valientes!
Torben Trazogris
Su servidor en el oficio de las letras.